Memento
Me disponía a dar un paseo por el bosque de blogs que hay precipicio abajo.
Tomé la senda roja, pasé bajo el viejo sauce y enfilé el angosto camino que lleva a su cripta. Mientras iba caminando, al no haber ninguna silla esperándome en la orilla, me puse a meditar. Quería encontrar un momento de alegría oculta expresada en esas letras. Pero todo se volvió más triste. Aunque pueda parecer imposible, cuando la tristeza cubre las paredes de la cripta, ya ni brilla el marfil.
Alicaído y cabizbajo deshizo el camino que sus pies habían recorrido hasta allí, y volvió a pasar por debajo del viejo sauce hasta llegar a la senda roja, regreso a casa.
Tembloroso metió la llave en el agujero, y la puerta se cerró como si pesara mil quilos. Los temblorosos pasos subían las escaleras a duras penas. El pasillo se hizo eterno, y las luces se apagaban a su paso.
Tras la puerta, su hogar. Ésta vez, la elevada temperatura, la total oscuridad y la aparente muerte en el ambiente, no tenían el mismo color.
Se sentó en la cama, e intentó encontrar el significado de ese cambio, no sabía si era a mejor, o a peor. Mientras su mente rodaba y rodaba, su cuerpo se tumbó de lado, y colgó un cartelito en el cristal que decía : Rómpase en caso de incendio
Y muchas lunas pasaron, y muchas más que pasarán.
260704
Tomé la senda roja, pasé bajo el viejo sauce y enfilé el angosto camino que lleva a su cripta. Mientras iba caminando, al no haber ninguna silla esperándome en la orilla, me puse a meditar. Quería encontrar un momento de alegría oculta expresada en esas letras. Pero todo se volvió más triste. Aunque pueda parecer imposible, cuando la tristeza cubre las paredes de la cripta, ya ni brilla el marfil.
Alicaído y cabizbajo deshizo el camino que sus pies habían recorrido hasta allí, y volvió a pasar por debajo del viejo sauce hasta llegar a la senda roja, regreso a casa.
Tembloroso metió la llave en el agujero, y la puerta se cerró como si pesara mil quilos. Los temblorosos pasos subían las escaleras a duras penas. El pasillo se hizo eterno, y las luces se apagaban a su paso.
Tras la puerta, su hogar. Ésta vez, la elevada temperatura, la total oscuridad y la aparente muerte en el ambiente, no tenían el mismo color.
Se sentó en la cama, e intentó encontrar el significado de ese cambio, no sabía si era a mejor, o a peor. Mientras su mente rodaba y rodaba, su cuerpo se tumbó de lado, y colgó un cartelito en el cristal que decía : Rómpase en caso de incendio
Y muchas lunas pasaron, y muchas más que pasarán.
260704


Me puse tras la cortina, y miré hacia abajo. Allí estaba ella, mirando fijamente su pantalla.
Intento aflojar el nudo de mi garganta con el humo azul del olvido y del recuerdo. Me olvido de mis penas y recuerdo ya mis letras. A mis dedos les salen alas, y las palabras vuelan bajo, a ras de este papel ansioso por contar historias. He vuelto a disfrutar de algo que hacía mucho que no sentía, volver a despertarme desnudo en una cama que no es mía. El bombo y la caja me arropan el sentido, y la difusa luz del escritorio ahumado nubla mi mirada. Eran muchas ya las ganas, de vomitar, de poder decir basta. He vuelto a encontrar la llave que abre mi cajón de cuentos. Puedo volver a navegar sobre las nubes de mis folios, nubes con formas de lápices y de notas musicales, que me llevan de vacaciones a las playas de su inmensidad. Rojizos soles en calma, blancas playas silentes, pequeñas alfombras de hierba y grandes barras de bar. Y sentado a la luz de la luna, sigo empeñado en cantar, queriendo coger la guitarra, mis timbales y a tocar, y seguir sentado en la playa, hasta que me vengas a buscar.
Ya he dejado atrás la hora veinticinco
Viajando a través del tiempo, tras los esquivos arrecifes de nubes de coral, encontrando a mi paso almas errantes volando sin rumbo fijo, ansiosas por fijar el ancla que les amarre a esta vida insana. Luchando contra batallones de gigantes atmósferas negras, cargadas de incesantes espadas ansiosas de poder, y cabalgando dunas sin fin a lomos de mi fiel caballo alado. Llamando a las puertas de inertes castillos de arena, donde ya nadie recuerda historias futuras, ni sueños pasados. Con el alma vacía a rebosar, con el llanto a flor de piel, clamando al cielo una vida mejor, únicamente deseada por y para aquellos que tras nuestros pasos vendrán, sigo levantando muros contra el olvido, que viene a llevarse los bellos retratos que el juicio pintó.
11-03-2004
...
Aquella tarde nadie me había preguntado cómo me encontraba. Si estaba bien, si mis penas se habían esfumado con el humo de mis cigarrillos, o si había encontrado alguien para llenar el hueco que sigue quedando a mi lado. Aquella tarde había sido como otra cualquiera. Desmoronado, insomne, cansado y aturdido seguía cabalgando sobre las horas de mis noches. Y qué ganas tenía de poder escribir algo alegre, de poder regalarle a mi hermano una visión un poquito más alegre de mi situación. Pero es que no podía. Cada vez que me sentaba al teclado intentaba, lo juro que lo intentaba, y todavía lo sigo intentando, buscar palabras bonitas, que conforten el vistazo alegre de cualquier pasajero viajante de éstas, mis letras. No es justo, pues claro que no es justo, no puedo hacer rap alegre, si yo no me siento a gusto rezaba aquella canción. No, no es justo, yo también lo creo así.
-Y no lo encuentro. Me decía
Una fina lluvia se dejaba caer sobre la ciudad. Las calles se habían quedado desiertas, y Pedro seguía caminando. Caminaba sin rumbo, con la mirada perdida en algún lugar de su vista. Las gotas le caían por la cara. Le encantaba. Su ropa estaba ya bastante mojada, pero a él le daba igual. Al llegar al quiosco giró a la derecha, en dirección al parque. Le gustaba ir hasta allí, caminando bajo la lluvia. Al final del parque, bajo aquel edificio encontraba Pedro su rincón favorito. Apoyado en el portal hacía como que esperaba, y en realidad esperaba. Esperaba imágenes, parejas, fotos, recuerdos, estampas, que plantaran simientes duraderas en su olvidada ausencia. Cuando creía el baúl lleno, volvía a caminar.