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5 canciones negras

Así vienes a mi recuerdo

En el último sueño,
En el último cigarro,
Al bajar andando,
Al subir peldaños.
Al apagar la luz.
Al encenderla,
Cuando como en la silla,
Cuando te veo en mi mesa.

Sigo buscando y no encuentro mis recuerdos.
Dónde te habías metido, no sales en mis fotos.
Sigo buscando, creo que llego al metro.
Sigo buscando, creo que estoy dentro.

Ya no vomito, solo escupo.

Te lío en mi cigarro,
Te pongo en mi radio,
Y cuando cierro los ojos
Te cuelas en mis sueños

Solo pido calma en la mente, quiero un segundo, quiero un minuto. Salta en la cama, escribe en la mesa, píntame un ojo, hazme lo que quieras. No huelo tu aroma, tu alma no inunda mi boca. Me desvelo en la noche, pero no encuentro tu ropa. Te marchas de golpe, golpeándome en la frente, de frente me atacas, en la espalda me hieres. Clavado en tu pared suplico vagamente, bájame un minuto solamente, antes de morir, tatúa tu mirada en mi mente.
Forma parte de mi muerte, sería un gran regalo. No es fácil superarlo, pero he aprendido poco a poco. Aprendiendo a quererte en la noche, he aprendido a olvidarte a ratos. Escuchar tu escuchar mientras escribo, me hace seguir hablando, mientras leo lo que has dicho.
Ordéname el tarro, si hace falta, usa el taladro. Móntate un cuarto allí, donde viven mis recuerdos, las alegrías, las penas, los trofeos, las derrotas. Donde la luz es opaca, y las tinieblas transparentes. Donde no hay penas, hay trampas, donde si entras, no salgas.
Hazme callar la boca, de la manera que quieras, o dame un tortazo, o regálame un verso.
Yo sólo pido una cosa,
Mejor que cosa, pido un momento,
Para que me des un beso, para que me digas te quiero,
Para que después puedas, contarme tu cuento.

(110303)

No le importaba

Le gustaba cuando la lluvia le acariciaba la cara. Le gustaba cómo las gotas le caían del pelo. Pasear por las calles desiertas, siempre empapadas de tanto ruido, ahora tan silenciosas. Le gustaba mirar hacia arriba, sin que nadie pueda verle, y contemplar lo bonito que es el cielo, y cómo deja caer esa lluvia, tan incesante, tan bonita.
Sigue caminando, sin un lugar a donde ir. Simplemente le invade la sensación de caminar, solo, sólo caminar, y sólo pensar. Pensar en todas esas historias que le venían a la cabeza.
Ahora echaba de menos las caras de la gente. Echaba de menos el leer en los rostros de los desconocidos la vida que muestran. Recordaba cómo el día anterior había salido a pasear, como hoy, y lo distinto que fue. Le gustaba esa variedad. La variedad de los días, la diversidad de gente que le rodea, sin rodearle.
A veces, cuando está en casa, siente la imperante necesidad de no hacer nada. Eso le gustaba. No hacer nada.
Pasaba horas y horas, allí tumbado en su hamaca. Escuchando música, y pensando. Con las bermudas de verano, sin camiseta, sin calzado. Medio desnudo. Tostándose al sol de la mañana.
Ya no le importaba estar solo. Se había acostumbrado. Recuerda que cuando era más joven, pasaba muy mal las épocas de soledad. Y había luchado contra viento y marea, ante la posibilidad de quedarse sólo. Ya no le importaba. Había aprendido a esperar su ángel. Simplemente dejaba que las cosas marcharan solas, a su ritmo, sin pretender acelerar nada.

(180202)

Waiting on an angel

Waiting on an angel

Waiting on an angel.
One to carry me home.
Hope you come to see me soon, cause I don't want to go alone,
I don't want to go alone.

Now angel won't you come by me.
Angel hear my plea.
Take my hand, lift me up so that I can fly with thee,
so that I can fly with thee.

And I'm waiting on an angel.
And I know it won't be long to find myself a resting place in my angel's arms,
in my angel's arms.

So speak kind to a stranger, cause you'll never know, it just might be an angel come, Oh- knockin' at your door, Oh- knockin' at your door.

And I'm waiting on an angel.
And I know it won't be long to find myself a resting place in my angel's arms,
Oh- in my angel's arms.

Waiting on an angel.
One to carry me home.
Hope you come to see me soon, cause I don't want to go alone,
I don't want to go alone,
don't want to go,
I don't want to go alone.

Ben Harper

Solo

Dicen que nació en el país de la esperanza eterna. Y que nunca lo ha vuelto a pisar. Va de persona en persona, de vida en vida, de lugar en lugar.
Buscando elegantes fantasmas que quieran compartir su incansable viaje hacia los rincones más blancos de todas las pequeñas cosas. Ir visitando vidas, acompañándolas cuando así lo necesiten y, a veces más temprano que tarde, volviendo a volar, esperando ser pronto cazado por otra alma desnuda, y poder regalarle un traje de rojo satén.
Soñaba con despertar una mañana de domingo no estando solo en la cama.
Soñaba con tardes enteras con su gente.
Soñaba con largas noches hablando.
Y nada le podía hacer dejar de soñar.

Sólo soñaba,
sólo viajaba,
sólo volaba.
Sólo esperanza.
Eterno vacío que su corazón lloraba.
Eterno dolor que le amortajaba.
Deliciosa miel que buscaba en sus labios,
El eterno azúcar que te deja un beso.
Mirando hacia el cielo,
los recuerdos pasan despacio,
y lentamente cae
una lágrima en el vaso.

(260204)

Fast car (A Tracy)

Sale corriendo en un deportivo, ella siempre dijo que solo sería feliz en el sol.
Cruza las líneas que hay detrás del muro. Preciosa, no puedo olvidarte en tus montañas de pequeñas cosas. Ya tienes el billete. ¿Por qué? Por mi amor, pero ahora... por ti. Cruzo los caminos, salto los puentes hacia la inmediata libertad de mi mundo material. Tengo que tener cuidado con el corazón de mi otro yo, el que nació para morir, hace cien años, y que hoy en día sigue esperándome, con esas pequeñas cosas, una corta súplica de sueños en un mundo de puertas abiertas, de color corazón, de un cielo en tu tierra, de un nuevo comienzo, de humo y cenizas sobre ese frío ardor en mis adentros, junto a la promesa de que me salvarás, si no es así, dilo, sólo dame una razón para quedarme y daré media vuelta. Los recuerdos de aquel hombre flaco, preparado siempre para contarte una historia, perdido como extranjero, y viendo el mundo tan bien, sin campanas de boda, sin cantos de salmos, nada de eso, sólo un papel y un lápiz, la misma devoción por uno mismo, siempre al primer intento, a dejar que llueva, a dejar que salga otro sol. Eres la única en la oscuridad, así, zumbando, diciendo Aleluya, rompiendo el feliz adiós. Yo soy tuyo si tu eres mía.
Sobre el amor se escuchan muchas melodías inaudibles.
El sexy juego que tiene tu cuerpo sobre la lámina que hay bajo la burbuja sobre la que pisan mis pies y la loca fortuna de tus malas noticias, al beberte mi agua cuando salgo del barro.......

(160302)

73

Cerraron sus ojos
Que aún tenía abiertos;
Taparon su cara
Con un blanco lienzo;
Y unos sollozando,
Otros en silencio,
De la triste alcoba
Todos se salieron.

La luz, que en un vaso
Ardía en el suelo,
Al muro arrojaba
La sombra del lecho;
Y entre aquella sombra
Veíase a intervalos,
Dibujarse rígida
La forma del cuerpo.

Despertaba el día,
Y a su albor primero,
Con sus mil ruidos
Despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
De vida y misterios,
De luz y tinieblas
Medité un momento:
“¡Dios mío, que solos
se quedan los muertos!”

De la casa en hombros
Lleváronla al templo,
Y en una capilla
Dejaron el féretro.
Allí rodearon
Sus pálidos restos
De amarillas velas
Y de paños negros.

Al dar de las ánimas
El toque postrero,
Acabó una vieja
Sus últimos rezos;
Cruzó la ancha nave,
Las puertas gimieron,
Y el santo recinto
Quedóse desierto.

De un reloj se oía
Compasado el péndulo,
Y de algunos cirios
El chisporroteo.
Tan medroso y triste,
Tan oscuro y yerto
Todo se encontraba...
Que pensé un momento:
“¡Dios mío, que solos
se quedan los muertos!”

De la alta campana,
La lengua de hierro,
Le dio volteando
Su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
Amigos y deudos
Cruzaron en fila,
Formando el cortejo.

Del último asilo,
Oscuro y estrecho,
Abrió la piqueta
El nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
Tapiáronle luego,
Y con un saludo
Despidióse el duelo.

La piqueta al hombro,
El sepulturero
Cantando entre dientes
Se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
Reinaba el silencio;
Perdido en la sombra,
Medité un momento:
“¡Dios mío, que solos
se quedan los muertos!”

En las largas noches
Del helado invierno,
Cuando las maderas
Crujir hace el viento
Y azota los vidrios
El fuerte aguacero,
De la pobre niña
A solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
Con un son eterno;
Allí la combate
El soplo del cierzo.
Del húmedo muro
Tendida en el hueco,
¡Acaso de frío
Se hielan los huesos!

.......................

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil mentira,
Podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
Que explicar no puedo,
Que al par nos infunde
Repugnancia y duelo,
Al dejar tan tristes,
Tan solos lo muertos!

G.A.Bécquer

Vuelve

Y siguen pasando los días. La luna ya se llenó varias veces, y todavía no has vuelto. Mi ventana sigue abierta, para cuando quieras venir a verme. Sigue habiendo un hueco en mi cama para ti, y los muebles no paran de preguntarme por ti. Yo les digo siempre que volverás, que volverán a verte, que volverás a sentarte en esa silla, que tu pelo volverá a acariciar mi almohada, y que mis sábanas podrán volver a envolverte otra vez. A la luz todavía le da por mostrarme tu rostro en la pared, y aquella camiseta me recuerda tanto a ti... Un inmenso vacío se abalanza sobre mí todas las noches. La oscuridad ha pintado las paredes de mi cuerpo, y mis ojos ya no ven más allá.
Por favor, que mi casa vuelva pronto a vestirse de fiesta. Vuelve.

(100903)

Gracias

Gracias

Quisiera dar mi primer agradecimiento a las personas que me han acompañado durante estos días, y que mira tú por donde, han hecho que hoy pueda saludarles desde aqui. A todos, Anna, Lluvia, Hechicero, Naranja... y a todos los demás.
También quiero dar las gracias a todos los que me conoceis, y (aún así) visitais esta página.
A todos. Gracias.

A Luz

A Luz

La música seguía sonando en su cabeza.
Se acostó y se durmió.
Al día siguiente se levantó a trabajar, como cada día había hecho durante tanto tiempo. Pero diferente. Por dentro.
Había decidido olvidarse de todo. Sólo le separaban las dos semanas “obligatorias” que tenía que dar en el curro antes de marcharse.
Cobró su dinero, pasó por casa, cogió la mochila, le dio un beso a su madre y allí la dejó, plantada en la puerta, con lágrimas en los ojos y un cuídate en los labios.
Cerró la puerta del ascensor y sintió que ahí mismo comenzaba su destino.
Pensó en si ella le echaría de menos, si le llamaría... Él no iba a hacerlo.
Todo por lo que había luchado días antes, en su interior, se volvió a derrumbar de golpe. Esta vez no se quedaría igual. Esta vez, no se ha quedado igual.
Llega al aeropuerto y busca con la mirada el letrero de su vuelo.
Sube arriba, cruza el largo pasillo y se dirige a la zona de su puerta de embarque. Todavía quedan dos horas para su vuelo. Se planta frente a la cristalera y se queda allí parado, con la mochila a cuestas, y la maleta en la otra mano. Toda su vida pasa por delante.
Una vez dijiste que no sólo se llora con lágrimas. Así permaneció.
Con los auriculares a todo volumen, no dejando entrar resquicio alguno de sonido externo a sus pensamientos. Así le gustaría a él morir. Él quiere que su muerte sea así. Sólo, cargado de historias, pensamientos y recuerdos, con un cigarro en las manos y la música llevándole lejos, allí hacia donde termina su vida.
...
Entrego mi billete y cruzo el túnel que me llevaba hacia mi avión. Busco mi número de asiento y conecto el disc-man.
-Qué bien, me ha tocado ventanilla.
Salgo del aeropuerto, guardo mi música en la mochila y llamo un taxi.
Abro la puerta y dejo los bultos. Me doy una ducha y salgo a la calle, a buscar piso, trabajo, y un aparato de música en condiciones.
Era el segundo día.
Llamé a mi madre. La dejé más tranquila.
-Esta es mi dirección, mama. Y mi teléfono. No olvides el prefijo, 971, acuérdate. Ah, y díselo a mis hermanos, cuando llamen, ok?
-Vale, sí, oye, anoche te llamó Clara. Si vuelve a llamar le doy tu número?
-(...) No, deja, ya la llamo yo esta noche.
-Ya has buscado trabajo?
-Sí mama, ya he buscado, todavía no encuentro nada. Pero ya casi, tranquila. Bueno, ya te llamaré vale?
-Vale, no tardes!
-Adiós mamá.

Bueno, esta era mi primera sorpresa, prevista, sí, pero sorpresa al fin y al cabo.
Lo no previsto era lo que ella me diría. Había reconocido el nombre que me había dejado. Clara. El personaje de su cuento. Era muy lista, demasiado, jajajaj.
Recuerdo que me marché antes de preguntarle si por fin la vería ese sábado. No quería irme después de que me contestara que no. Sí, hay veces en las que no importa, pero esta vez, otro No, hubiera sido aplastante. Ella es lista, y sabrá como hablarme, para que yo me de cuenta de lo que piensa. A veces es una mierda que escriba tan bien, porque a veces no consigo entender lo que me dice, de la manera que lo hace. Pero bueno, creo que voy entendiéndola un poco. Aunque sigue descolocándome, siempre lo hace.

**

-Hola cosa.
-Hola. Porqué te has ido? No me habías dicho nada.
-No planeé nada. Lo pensé y lo hice. Eso es todo, perdona.
-Cariño... y cuando volverás?
-Para que tengo que volver? Me he dejado algo?
-Sí.
-Vale, volveré pronto vale? Vendrás conmigo?
-Ya te he dicho, Sí.

Hablamos durante mucho rato. Le expliqué lo que había pensado hacer. A lo que me quería dedicar, y qué quería conseguir. Ella me explicó muchas cosas, muchas. Me dijo que me quería, y que en cuanto acabara las clases, vendría corriendo.
Y vino, habían pasado cuatro meses. Aproveché un viaje a casa, para ver a mi madre, a mi sobrina Ana, a mis hermanos y a mi cuñada. Volvíamos a juntarnos lo que quedábamos de familia. El domingo quedamos en que me esperaría en el portal, para ir al aeropuerto. Estaba radiante. Más de lo que nunca imaginé. Brillaba más que el propio sol de ese mediodía de domingo, cómo no, era Luz.
Le encantó mi casita, dijo que era preciosa. Y alucinó con el “Indi-fference”. Había conseguido montar un garito. Le encantó la idea. Su sonrisa llenaba el local, de punta a punta. Le sorprendió que todos sus cuentos estuvieran escritos en pergaminos, colgados en las paredes del local. Había conseguido hacer un par de buenos amigos, una pareja del lugar, que se habían interesado por la idea, y que habían colaborado con varios cuentos también para el local, también para mí. No había dejado de escribir. Escribía siempre sobre historias futuras, de futuros personajes, que nacían de una sola persona. Escribía siempre cosas que me inspiraban tus cuentos, tus personajes, algo de esos sentimientos, pero mis cuentos no se parecían a los tuyos. Había echado mucho de menos tus cuentos, tus historias, tus palabras y tus pensamientos. Pero esta vez habías vuelto.

**

-Hola cosa.
-Hola. Porqué te has ido? No me habías dicho nada.
-No planeé nada. Lo pensé y lo hice. Eso es todo, perdona.
-Cariño... y cuando volverás?
-No lo sé, debo volver?
-(...)
-Cariño, quieres que vuelva?
-(...)
-Cariño, ni siquiera se si estamos juntos o no. Ni siquiera se si me quieres. Ni siquiera se si cuando vuelva, voy a poder ir a buscarte a tu casa y a cogerte de la cintura y dar un paseo, o ir al cine.
-Cariño, yo no puedo decirte que sí a todo eso. No sé por qué, pero no puedo.
-Bueno mi amor, entonces no me pidas que vuelva, vale?
-Por lo menos de momento mi amor, dame un poco de tiempo., por favor.
-Claro mi amor, tómate tu tiempo. Pero no tardes vale?
-Vale.

Pero no volvió.
Así que cuatro meses después de esa llamada, bajé al “Indi-fference”, abrí la puerta de madera que da acceso al público y me coloqué tras la barra, preparando la música y calentando motores con los timbales.
Comencé a pensar, en lo que me hubiera gustado ver su carita eclipsando el sol de ese mediodía de domingo. Me hubiera gustado mucho que hubiera visto mi casita, y hubiera visto como sus cuentos, ahora pergaminos, cuelgan por las paredes de mi garito.

La gente me pregunta que porqué hay una vela en el letrero, y porqué está todo el garito lleno de velas.
Nadie sabe que eres tú.

Y así murió. Sólo, cargado de historias, pensamientos y recuerdos, con un cigarro en las manos y la música llevándole lejos, allí hacia donde termina su vida.

A Luz.

(180203)

Poesía Difusa

Comienzos.
Lo que motivó el comienzo
Fue que las vidas que presencio
No merecen el silencio
Fue porque el hip hop apareció
Del amor entre poesía y ritmo
Y por las aguas de ese río
Mi vida fluyó
O fue, porque en el gusto por competir
No hay lugar para el cansancio, que se yo.
Pero sucedió
Pasé de ser anónimo
A ser casi famoso bajo mínimos
Y acaso eso os conmovió
Porque al parecer mi mano
En contacto con un micrófono
Me convirtió en pirómano
Y París ardió
Adiós París, adiós,
Adiós Mc’s, adiós,
Que usted vaya con Dios,
Y si baja por esas calles
Será mejor que le acompañen
Uno, o dos.

Ay, Señor!
Qué pesada es esta espada
Que desenvaino con sudor
La soledad del príncipe sin reino
La soledad del hombre sin calor.
Será que es porque ya no me peino
Ni me preparo,
Ni visto raro,
Ni uso perfumes caros
Cuando salgo en busca de amor.
Soy el mismo chico educado
Que con un rap vulgar suena en tu radio
Cada día,
Y que desde el extrarradio ha conquistado
A la más alta burguesía.

Pero qué falla
Soy yo en esa pantalla,
Soy yo en esa cola del paro,
Comparo mi vida con la tirada de un dado
Y sale cero y cero y cero
Yo sólo espero ser más certero
Salir de este agujero en el que estoy atrapado
Soñador, aún duermo con Peter Pan a mi lado
Preguntándome si alguien ahí fuera
Entenderá a un tipo tan complicado.
Pero una extraña fuerza me persigue
Me dice, tú simplemente vive
Tú simplemente escribe
Decide en tiempo record
Y olvida el rencor
Y recuerda, lo que el viejo dijo:
Hijo, en lo que sea, pero el mejor.

Nach Scratch - Poesía Difusa

(Rareza)

Te cojo de la mano y te llevo a mi rincón. Sé que te cuesta seguir mi ritmo pero, ánimo preciosa, ven y mira cómo ahí puedo hacerme feliz.
Ahí están todas aquellas lágrimas que me guardé, y todas aquellas que pude recoger del suelo a tiempo, antes de que se secaran en esta árida tierra que todos pisamos.
Están también todas las notas bonitas que existen en todas mis canciones bonitas.
Todo lo que me gusta, y de la manera que a mí me gusta.
Todas las horas que perdí y todas aquellas que me hicieron ganar.
Allí está el orden de mis cosas.
Y de ahí nace todo este desorden de cosas, de cosas y de más cosas.
Al fin y al cabo todo son cosas, los pensamientos, las palabras, las voces, los golpes, los besos, las caricias, el trabajo, el sudor, la lágrima. El pelo, la sonrisa, el color del cielo, la prisa, el agua, la noche, la raya, el teléfono, la habitación o el comedor. La cama y el suelo, la mesa y el sillón. Música o silencio, movimiento o quieto. La luz o el día. La película, la pared, el pantalón del revés, y suena el timbre, quien coño es? La soledad, la tristeza, la pena y la alegría, y cinco canciones negras, que una es alegre, pero cuatro son penas.

(260703 - 250204)

Vuelvo a acostarme triste

Vuelvo a acostarme triste. Frío y solo.
Cuando reposo la cabeza en la almohada siento hondo esa ausencia.
La marca que deja la falta, me duele y sigue sangrando.
Y me empaña la mirada, que no divisa ya a lo lejos.
El humo aplaca mi sueño.
Se entornan mis ojos y mi respiración se calma.
Una ya lánguida lágrima vaga por mis venas, errante y solitaria.
Por los vacíos senderos que dejan mis huellas, nadie deshace ya el camino andado.
Ningún alma acompaña ya mis pasos,
Que siguen adelante, ahora temerosos y con cautela.
El tiempo vuelve a correr en mi contra,
A defenderse con escudo recio y afilada espada.
Mis fuerzas escasean, y mi debilidad se hace patente.
Feroz y cruel se abalanza sobre mí la oscuridad del tedio.
Sólo quiero vida, que alegre mi mente.

(071103)

El banco de madera blanca

El banco de madera blanca

Aquel banco de madera blanca debajo del sauce siempre había estado ahí, aferrado a su cabeza, para poder acudir a él siempre que fuera necesario.
Ese lugar que él nunca había visto así. Nunca se dio cuenta. En ese banco estaban grabados todos los pensamientos que por su mente habían pasado. Estaban escritas todas las conversaciones que había tenido estando solo. Ese banco era aquello a lo que él le hablaba, y siempre contestaba. Sus propias lágrimas habían regado la tierra donde ahora se alza ese inmenso sauce, llorón, dejando caer sus frondosas lágrimas de color verde sobre la madera blanca de ese banco.
Comenzó a observar las pisadas que sobre el césped se marcaban. Eran las suyas. Se dio cuenta que habían sido sus pies descalzos los que habían paseado tantas veces sobre el mojado césped de aquel lugar que llevaba al banco de madera blanca. Se descalzó, y hendió el pie entre aquella fresca caricia de los tallos, sobre la tierra mojada, inundando de ese olor toda la piel de su cuerpo.
Subió hasta el sauce, y una vez bajo sus lágrimas, vio grabados en su tronco todos los nombres de aquellas personas que nunca podrá olvidar. De esos amigos de la escuela, de esas amigas fugaces, de esas personas que le enseñaron algo que el creyó importante, de aquellas personas con las que compartió sus vidas, de todas esas personas a las que ayudó, en algún momento de sus vidas. Todos esos nombres seguían grabados por y para siempre sobre la madera de su árbol. Entonces dos intensas lágrimas cayeron, de nuevo, sobre sus raíces. Y al sauce le creció una flor.
Se sentó en la fría madera del blanco banco. Y dejó que todos sus recuerdos volvieran a aparecer frente a el.
Y se los volvió a guardar.
Decidió que, a pesar de momentos bajos, tenía que seguir escribiendo conversaciones, grabando pensamientos, tenía que seguir regando ese maravilloso sauce, llorón, con sus mejores lágrimas. Tenía que seguir grabando nombres en la madera de su propio tronco.

Con cariño. Con mucho cariño.
Para mi banco de madera blanca, y mi sauce, llorón.

(260703)

Me gustas cuando callas

Me gustas cuando callas, porque estás como ausente
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
Emerges de las cosas, llena del alma mía
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma
Y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza.
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
Claro como una lámpara, simple como un anillo
Eres como la noche, callada y constelada
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo

Me gustas cuando callas porque estás como ausente
Distante y dolorosa como si hubieras muerto
Una palabra entonces, una sonrisa basta
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

P.Neruda