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5 canciones negras

A Luz

A Luz La música seguía sonando en su cabeza.
Se acostó y se durmió.
Al día siguiente se levantó a trabajar, como cada día había hecho durante tanto tiempo. Pero diferente. Por dentro.
Había decidido olvidarse de todo. Sólo le separaban las dos semanas “obligatorias” que tenía que dar en el curro antes de marcharse.
Cobró su dinero, pasó por casa, cogió la mochila, le dio un beso a su madre y allí la dejó, plantada en la puerta, con lágrimas en los ojos y un cuídate en los labios.
Cerró la puerta del ascensor y sintió que ahí mismo comenzaba su destino.
Pensó en si ella le echaría de menos, si le llamaría... Él no iba a hacerlo.
Todo por lo que había luchado días antes, en su interior, se volvió a derrumbar de golpe. Esta vez no se quedaría igual. Esta vez, no se ha quedado igual.
Llega al aeropuerto y busca con la mirada el letrero de su vuelo.
Sube arriba, cruza el largo pasillo y se dirige a la zona de su puerta de embarque. Todavía quedan dos horas para su vuelo. Se planta frente a la cristalera y se queda allí parado, con la mochila a cuestas, y la maleta en la otra mano. Toda su vida pasa por delante.
Una vez dijiste que no sólo se llora con lágrimas. Así permaneció.
Con los auriculares a todo volumen, no dejando entrar resquicio alguno de sonido externo a sus pensamientos. Así le gustaría a él morir. Él quiere que su muerte sea así. Sólo, cargado de historias, pensamientos y recuerdos, con un cigarro en las manos y la música llevándole lejos, allí hacia donde termina su vida.
...
Entrego mi billete y cruzo el túnel que me llevaba hacia mi avión. Busco mi número de asiento y conecto el disc-man.
-Qué bien, me ha tocado ventanilla.
Salgo del aeropuerto, guardo mi música en la mochila y llamo un taxi.
Abro la puerta y dejo los bultos. Me doy una ducha y salgo a la calle, a buscar piso, trabajo, y un aparato de música en condiciones.
Era el segundo día.
Llamé a mi madre. La dejé más tranquila.
-Esta es mi dirección, mama. Y mi teléfono. No olvides el prefijo, 971, acuérdate. Ah, y díselo a mis hermanos, cuando llamen, ok?
-Vale, sí, oye, anoche te llamó Clara. Si vuelve a llamar le doy tu número?
-(...) No, deja, ya la llamo yo esta noche.
-Ya has buscado trabajo?
-Sí mama, ya he buscado, todavía no encuentro nada. Pero ya casi, tranquila. Bueno, ya te llamaré vale?
-Vale, no tardes!
-Adiós mamá.

Bueno, esta era mi primera sorpresa, prevista, sí, pero sorpresa al fin y al cabo.
Lo no previsto era lo que ella me diría. Había reconocido el nombre que me había dejado. Clara. El personaje de su cuento. Era muy lista, demasiado, jajajaj.
Recuerdo que me marché antes de preguntarle si por fin la vería ese sábado. No quería irme después de que me contestara que no. Sí, hay veces en las que no importa, pero esta vez, otro No, hubiera sido aplastante. Ella es lista, y sabrá como hablarme, para que yo me de cuenta de lo que piensa. A veces es una mierda que escriba tan bien, porque a veces no consigo entender lo que me dice, de la manera que lo hace. Pero bueno, creo que voy entendiéndola un poco. Aunque sigue descolocándome, siempre lo hace.

**

-Hola cosa.
-Hola. Porqué te has ido? No me habías dicho nada.
-No planeé nada. Lo pensé y lo hice. Eso es todo, perdona.
-Cariño... y cuando volverás?
-Para que tengo que volver? Me he dejado algo?
-Sí.
-Vale, volveré pronto vale? Vendrás conmigo?
-Ya te he dicho, Sí.

Hablamos durante mucho rato. Le expliqué lo que había pensado hacer. A lo que me quería dedicar, y qué quería conseguir. Ella me explicó muchas cosas, muchas. Me dijo que me quería, y que en cuanto acabara las clases, vendría corriendo.
Y vino, habían pasado cuatro meses. Aproveché un viaje a casa, para ver a mi madre, a mi sobrina Ana, a mis hermanos y a mi cuñada. Volvíamos a juntarnos lo que quedábamos de familia. El domingo quedamos en que me esperaría en el portal, para ir al aeropuerto. Estaba radiante. Más de lo que nunca imaginé. Brillaba más que el propio sol de ese mediodía de domingo, cómo no, era Luz.
Le encantó mi casita, dijo que era preciosa. Y alucinó con el “Indi-fference”. Había conseguido montar un garito. Le encantó la idea. Su sonrisa llenaba el local, de punta a punta. Le sorprendió que todos sus cuentos estuvieran escritos en pergaminos, colgados en las paredes del local. Había conseguido hacer un par de buenos amigos, una pareja del lugar, que se habían interesado por la idea, y que habían colaborado con varios cuentos también para el local, también para mí. No había dejado de escribir. Escribía siempre sobre historias futuras, de futuros personajes, que nacían de una sola persona. Escribía siempre cosas que me inspiraban tus cuentos, tus personajes, algo de esos sentimientos, pero mis cuentos no se parecían a los tuyos. Había echado mucho de menos tus cuentos, tus historias, tus palabras y tus pensamientos. Pero esta vez habías vuelto.

**

-Hola cosa.
-Hola. Porqué te has ido? No me habías dicho nada.
-No planeé nada. Lo pensé y lo hice. Eso es todo, perdona.
-Cariño... y cuando volverás?
-No lo sé, debo volver?
-(...)
-Cariño, quieres que vuelva?
-(...)
-Cariño, ni siquiera se si estamos juntos o no. Ni siquiera se si me quieres. Ni siquiera se si cuando vuelva, voy a poder ir a buscarte a tu casa y a cogerte de la cintura y dar un paseo, o ir al cine.
-Cariño, yo no puedo decirte que sí a todo eso. No sé por qué, pero no puedo.
-Bueno mi amor, entonces no me pidas que vuelva, vale?
-Por lo menos de momento mi amor, dame un poco de tiempo., por favor.
-Claro mi amor, tómate tu tiempo. Pero no tardes vale?
-Vale.

Pero no volvió.
Así que cuatro meses después de esa llamada, bajé al “Indi-fference”, abrí la puerta de madera que da acceso al público y me coloqué tras la barra, preparando la música y calentando motores con los timbales.
Comencé a pensar, en lo que me hubiera gustado ver su carita eclipsando el sol de ese mediodía de domingo. Me hubiera gustado mucho que hubiera visto mi casita, y hubiera visto como sus cuentos, ahora pergaminos, cuelgan por las paredes de mi garito.

La gente me pregunta que porqué hay una vela en el letrero, y porqué está todo el garito lleno de velas.
Nadie sabe que eres tú.

Y así murió. Sólo, cargado de historias, pensamientos y recuerdos, con un cigarro en las manos y la música llevándole lejos, allí hacia donde termina su vida.

A Luz.

(180203)
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